Martín Berasategui y Blancpain, vaya gran equipo. Martín Berasategui, el chef español con más estrellas Michelin (ocho, nada menos), ha pasado a formar parte del selecto grupo de amigos de la marca Blancpain, y no hay mejor forma de celebrarlo que con una comida en su restaurante Lasarte de Barcelona. Eso debió de pensar Lara Bartolomé, brand manager de Blancpain para España, y así lo decía la invitación que me llegó a través de MRA Agencia. A ambos, mi agradecimiento.

El reloj elegido para la ocasión fue el cronógrafo automático de calibre F385 (alta frecuencia: 36.000 vibraciones por hora) de la colección Villeret con funciones flyback y fecha y esfera esmaltada blanca abombada «Grand Feu» con pulsómetro. Todo ello en una caja de oro rosa de algo más de 43 mm sujeta por una elegante correa de aligátor. No es muy probable que Martín calcule con él los tiempos de cocción, pero desde luego las similitudes entre la Alta Cocina y la Alta Relojería son innegables.

Para empezar, ambas requieren, además de un aprendizaje y una formación constantes, un don innato para ejercerlas. Y ambas buscan la excelencia, la experiencia, la artesanía meticulosa y la precisión. Consciente de esta coincidencia de filosofías, Blancpain ha establecido vínculos con los chefs más estrellados del mundo: además de con Martín Berasategui, la marca de Alta Relojería se relaciona con Joël Robuchon, Claude Bosi y Dani García y, hasta su reciente traspaso, con el multi-premiado Paul Bocuse.

Nacido en 1960 y hoy reconocido como un referente de la cocina vanguardista española, Martín aprendió los rudimentos de su arte en el restaurante familiar Bodegón Alejandro, situado en la parte vieja de San Sebastián. Fue allí donde obtuvo su primera estrella Michelin con solo 26 años. En 1993 abrió las puertas de su propio restaurante en Lasarte-Oria (actualmente 3 estrellas). En Barcelona dirige Lasarte (otras tres), donde tuvimos la oportunidad de degustar uno de sus menús, en Tenerife dirige MB, que suma otras tres... y así hasta un total de 12 establecimientos bajo su dirección. Impresionante.

Qué impresionante resultó el menú que Blancpain nos brindó con motivo de esta nueva alianza: sabores exquisitos maridados magistralmente con vinos de la tierra y explicados por un sumiller cuya pasión se percibía al escucharlo hablar. Una experiencia única que, afortunadamente, se puede repetir. Eso sí, hay que tener paciencia o ser muy previsor porque, gracias a su éxito, dan reservas con tres meses de antelación.

Una última nota: lo conocía de oídas por su constante presencia en los medios, especializados o no, y pensaba que —de ser así— nadie podría reprocharle sentirse por encima de los demás. La realidad es que Martín podría ser uno más en cualquiera de las muchas Sociedades que existen por Euskadi: cercano, humilde, encantador, con ganas de seguir aprendiendo. Como él mismo dice, «un portador de felicidad».
¡Aúpa Blancpain!