Lo admito: nunca he sido fanático del Omega Seamaster Professional 300m, también llamado «olitas» por el motivo de «olas» que decora su esfera. No me gustaban esas olas, ni su color azul, pero sobre todo no me gustaban sus agujas esqueletizadas, que me parecían pinzas —o compases— atrapando perlas resbaladizas, una evolución de las que mostraba el famoso «negrito» referencia 2254, ya descatalogado, aún no sé por qué. Pero quizás sea porque lo he visto durante muchos años (acaba de cumplir 25) o porque esta vez Omega lo hizo bien, el caso es que miro la nueva hornada, la que celebra el 25 aniversario, con otros ojos.
Esta nueva mirada no es ajena a la detallada explicación que nos dio Maik Hirschi, Gerente Senior de Producto, quien vino expresamente desde la sede de Omega en Bienne para revelar a unos pocos invitados los entresijos de la creación de este renovado veterano de 25 años. Para ello, había traído un verdadero arsenal didáctico con el que pudimos jugar mientras lo escuchábamos y veíamos los vídeos que apoyaban su discurso.

Así, supimos que las cajas provienen de un solo bloque de acero que se forma mediante varias etapas de prensado, intercaladas con diversos pases por el horno para «relajar» el material, que los biseles de cerámica se «sinterizan» a partir de polvo de óxido de circonio o que se aplica una capa de PVD antes de la capa final de oro amarillo o Sedna, la aleación patentada por Omega. Sin embargo, antes de eso, la superficie ha sido grabada mediante un rayo láser para que las cifras, líneas y puntos de la escala de minutos queden perfectamente definidos. A este conjunto de cerámica y oro lo llaman Ceragold.

O las esferas. Hechas sobre un disco de acero o titanio, las características olas se esculpen literalmente con láser, con la diferencia de que en las de acero están en bajorrelieve (esto es, «surcos» en la superficie) mientras que en la serie de titanio se fresan toda la superficie dejando solo las olas, que por tanto están en altorrelieve. Luego se pintarán, pulirán y posteriormente se estamparán los motivos mediante una almohadilla de goma tradicional. La cosa no termina aquí, porque faltan los índices: pequeños contenedores o «vasos» colocados por una máquina de ultra precisión que se rellenarán con Super Luminova a mano, uno por uno. Sí, a mano. Suena increíble, y por eso hice la pregunta tres veces, justo antes de que Maik empezara a mirarme raro... Estos índices, por cierto, han aumentado de tamaño en comparación con versiones anteriores del Seamaster 300m.


La esfera de titanio se ha reservado para un viejo conocido de los seguidores incondicionales del Omega Seamaster Professional 300m: la combinación de tantalio y oro Sedna, limitada a una serie de 500 piezas y que recuerda a su predecesor también de tantalio pero entonces combinado con oro amarillo. Estéticamente, se han realizado algunas modificaciones tanto en el brazalete (¡los nueve! componentes de cada eslabón se han integrado mejor) como en la corona de helio (que se utiliza para descomprimir el reloj tras una inmersión prolongada). Esta última ahora tiene forma cónica en lugar de cilíndrica, pero en su interior se ha sofisticado aún más si cabe. Cualquiera pensaría que podría haber tantas piezas ahí dentro:



El Omega Seamaster Professional 300m está impulsado por el calibre Coaxial Omega 8806, certificado COSC y METAS, que garantiza resistencia a campos magnéticos de 15 000 gauss (o 1,5 teslas), más que suficiente para el uso diario e incluso en entornos técnicos. A ello contribuyen su espiral de silicio y la construcción con materiales no ferrosos, lo que hace innecesaria la antigua caja de hierro dulce e incluso permite un fondo visible. Otro día cuento qué es el Sistema Nayad.

Dije al principio que nunca he sido fanático del Omega Seamaster Professional 300m, pero tengo que admitir que con este rediseño Omega se ha acercado un poco más a mis gustos, especialmente con el modelo de acero con esfera gris y caucho azul, que a un precio de 4500 € está en el primer círculo de interés.

Es el que aparece en este vídeo: