Los próximos 12 y 13 de julio, la sala de subastas Balclis subastará un total de 1.959 lotes que incluyen obras de arte, antigüedades y joyas, entre los que destaca una importante colección privada de 43 relojes de bolsillo.
Inicialmente, el uso de los relojes de bolsillo estaba restringido a la clase alta como signo de opulencia, y era poco común antes de finales del siglo XVII. Ya en el siglo XIX se volvió más habitual, hasta que en el siglo XX, como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, el uso de relojes de pulsera para sincronizar acciones militares se volvió obligatorio.

Esta singular colección que presentamos hoy a subasta reúne un total de 54 lotes: 43 relojes de bolsillo y 11 accesorios de coleccionista, como pequeños relojes de mesa o chatelaines, que abarcan la historia de la relojería de los siglos XVII, XVIII y XIX. A mediados del siglo XVI aparecieron los primeros relojes transportables, obra de Peter Henlein, un humilde cerrajero y relojero bávaro, inventor de los relojes de bolsillo. Estas piezas profusas, de forma ovoide, se conocen en toda Europa como los huevos de Núremberg. Cajas finamente talladas, caladas o pintadas con esmalte y con mecanismos singulares que solo la élite de la época podía adquirir. Podemos referirnos, en particular, a una pieza temprana del taller de Mattheus Greillach, activo durante el siglo XVII en Alemania. Se trata de un reloj ovalado con sonería, brújula e indicador solar, fabricado en el primer tercio del siglo XVII (lote 1). La caja de latón dorado y cincelado está meticulosamente elaborada en estilo manierista, con desnudos femeninos y motivos vegetales propios de la época.

Ya en el siglo XVIII, la fabricación de relojes se intensificó, lo que provocó su depreciación, ya que hasta entonces solo las clases altas podían acceder a ellos. Los centros relojeros antes conocidos, Núremberg y Augsburgo, entraron en crisis y ciudades importantes como Londres y Ginebra ocuparon su lugar. Este es el caso del reloj con sonería firmado "George Tyler London", de finales del siglo XVII y principios del XVIII, fabricado en Londres, que muestra una versión más evolucionada (lote 10). Se compone de dos manecillas que indican horas y minutos, una esfera de plata protegida por cristal y su propio mecanismo de paletas, algo más preciso. La caja es de plata cincelada y calada, un material más noble que los utilizados hasta entonces. En los talleres parisinos, sin embargo, se fabricaban modelos con carácter propio, por lo que ganaron renombre internacional durante el siglo siguiente.

A finales del siglo y en una Europa sumida en el caos político, se empezaron a fabricar modelos cada vez más suntuosos. Los avances técnicos van de la mano de los avances decorativos, hasta el punto de que la belleza de las piezas cobra mayor importancia. Por eso los materiales utilizados son esmalte, piedras preciosas, modelos cincelados y grabados. Un claro ejemplo es este modelo suizo de oro con esfera completamente esmaltada que además incluye una de las innovaciones favoritas de la época: los autómatas. "Reloj con sonería y autómatas firmado 'Achard à Genève', hacia 1750" (lote 37) con un precio de salida de 4000 € o el lote 33 "Reloj con sonería y autómatas de finales del siglo XVIII" con un precio de salida de 3000 €. En esa época, Suiza adquirió un papel importante en la industria, desplazando gradualmente a otras ciudades relojeras como Augsburgo o Londres.

Por otro lado, y en esta misma subasta, destacamos más de 1900 lotes que forman parte de los departamentos de Balclis correspondientes a joyería, arte oriental y ruso, antigüedades, muebles antiguos y de diseño, y pintura y escultura que abarcan desde el siglo XIV hasta la actualidad.
La sala de subastas Balclis, fundada en 1979, cuenta con más de 30 años de experiencia y más de 200 obras de arte vendidas a los mejores museos nacionales.
Ver catálogo: www.balclis.com/es/subastas