El Rolex Daytona es el cronógrafo (que no debe confundirse con cronómetro) más deseado del mundo. Y no porque sea un reloj especialmente raro o del que se hayan fabricado pocas unidades: el mero hecho de ser un Rolex ya lo hace atractivo para muchas personas, pero si además es escaso, el atractivo aumenta. Y es escaso porque Rolex lo hace así, suministrando al mercado menos unidades de las que demanda, lo que garantiza que esta demanda se mantenga alta año tras año. Un truco que Rolex ha practicado con notable éxito durante los últimos veinte años. Pero si encima ese Rolex Daytona perteneció a una celebridad, las cosas adquieren tintes míticos. El Rolex Daytona de Paul Newman es el reloj más famoso del mundo.

Con la llegada de Internet a la vida de los aficionados, un modelo específico se popularizó dentro del Daytona: el que la actriz Joanne Woodward le regaló a su esposo Paul Newman en 1968. Este reloj presentaba una esfera cuya combinación de colores (subesferas negras sobre fondo crema), y a fuerza de aparecer con él en las numerosas ocasiones en que fue fotografiado, los coleccionistas italianos, tan dados a poner apodos, lo bautizaron. Así, todos los Rolex Daytona con esfera crema y subesferas negras con detalles en rojo serían conocidos como Daytona Paul Newman. Una esfera, por cierto, llamada "exótica" y que en su momento nadie compraba.

Pero, ¿qué pasó con el reloj original? ¿El verdadero Daytona Paul Newman? Durante años se especuló sobre los diferentes destinos que podría haber tenido, ya que nadie cercano a él parecía ser consciente de que este reloj era el santo grial de cualquier aficionado. Vamos, como si un coche antiguo durmiera en tu garaje al que no le das importancia porque siempre estuvo ahí. El caso es que en los últimos 25 años ese reloj se ha convertido en una especie de unicornio sobre el que se contaban diferentes historias, casi siempre especulativas y sin fundamento. Una cosa lo haría inconfundible cuando apareciera: Joanne Woodward había grabado una sencilla leyenda en su parte trasera (la del reloj): Drive carefully. Me ("Conduce con cuidado. Yo"). La razón de esta dedicatoria era que en aquella época Newman había comenzado a interesarse por las carreras de coches, a las que terminó dedicándose de forma semiprofesional.

Y el reloj apareció. Y no en el fondo de un cajón ni perdido en un ático. Lo estaba usando regularmente su actual propietario... quien lo había recibido del propio Newman en 1984. Paul Cox, un amigo de la familia (en realidad el novio de Nell, la hija de Newman, que usaba el nombre Nell Potts para preservar cierto anonimato) estaba ayudando a Paul a construir un cobertizo en el jardín cuando, en un gesto aparentemente espontáneo —Cox cree que fue premeditado—, simplemente se lo regaló.

Lo usó durante años sin más conciencia que considerarlo un regalo de un amigo. Pero un día, en una feria profesional de su sector (ropa deportiva), se cruzó con un japonés que, al ver el reloj que llevaba puesto, comenzó a exclamar "Rolex Paul Newman, Rolex Paul Newman". Como el japonés no hablaba más que japonés, Cox se quedó preguntándose cómo sabría el hombre que el reloj había pertenecido al actor. Esa fue la primera advertencia. Al volver a casa, Cox descubrió que el reloj tenía su propia página de Wikipedia y decidió que ya no podía andar con él alegremente, así que lo guardó en una caja de seguridad.

Años después, al pasar por una tienda de relojes y ver algunos relojes en el escaparate, le preguntó al empleado que fumaba un cigarrillo afuera: "¿Cuánto pueden valer esos Daytona?" La respuesta fue "Ese, unos 60.000 dólares, pero tenemos más Paul Newman dentro". "¿Y cuánto costaría el auténtico Daytona de Paul Newman?" "Uf, al menos 300.000".
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