Hace unos días contactaron conmigo desde Everest Bands para preguntarme si estaría interesado en que me enviaran una reseña de sus correas para publicarla en el foro. Ya conocía sus correas de caucho por lo mucho que se había hablado de ellas en su momento y por el enorme éxito de crowdfunding que tuvieron cuando se presentaron en Kickstarter. El concepto era relativamente sencillo: fabricar correas para y a la altura de Rolex.
Mi respuesta fue bastante rápida: ¿por qué no me enviáis una de estas correas y hago la reseña? La suya no fue menos: en dos días tenía la correa en Barcelona, y eso saliendo desde San Luis, Misuri. El color corporativo e incluso el logo recuerdan a la marca de la corona, pero lo hace —creo— con sutileza.

Actualmente su catálogo ha crecido y además de accesorios también ofrecen correas de cuero. Pudiendo elegir, me decidí por la de caucho negro, que para mí es la esencia del concepto original. El envío llegó acompañado de un juego de herramientas para el cambio de correas que, sin estar incluidas en el precio de la correa, me han sido de utilidad a la hora de una operación que no siempre es fluida con endlinks sólidos como los del 116710BLNR.

Cada artículo viene en su propio sobre verde que contiene, además de la correa (o las herramientas), una cantidad considerable de información, desde la garantía hasta las instrucciones de montaje (te remiten a la web) y —en su caso— las de devolución. Por una vez han tenido en cuenta el español y estas últimas también vienen en este idioma. A ver si cunde el ejemplo. También hay una tarjeta-folleto con fotos de correas que, en mi opinión, podrían haberse ahorrado desde el momento en que la compra se realiza a través de la web, pero supongo que el departamento de marketing ya lo habrá tenido en cuenta.

Yendo a lo más importante, todos los artículos vienen en un estuche protector de plástico semitransparente con dos cierres. La calidad percibida es alta incluso antes de abrirlo, y la buena noticia es que la sensación se mantiene al tocar el producto: el caucho tiene un tacto "fresco", flexible sin ser blando, y luminoso sin ser brillante. Viene con dos pasadores tipo Rolex, es decir, gruesos y, por tanto, de aspecto resistente.


Una de las preocupaciones de todo buen correa-maníaco es el famoso hueco que queda entre la correa recta y la caja del reloj, y este sería el segundo punto fuerte de esta correa: su extremo curvo pero sobre todo acanalado hace que encaje perfectamente en la caja como si fuera un end link. Por otro lado, el cierre —incluido— tiene un acabado muy similar al de la caja.


Futuros siameses en la mesa de operaciones. Reconozco que empezar a manipular un brazalete de Rolex da cierto respeto, sobre todo porque las piezas vienen tan bien ajustadas que tienes la sensación de que lo vas a marcar hagas lo que hagas. Y parecería que en Everest piensan igual, porque su tarjeta sugiere que pongamos este trabajo en manos de un profesional.


Aun así, si decides hacerlo por tu cuenta, al menos usa las herramientas adecuadas. La casa vende un set que desde mi punto de vista es excesivo. Igualmente bien presentado, contiene un destornillador y una herramienta para quitar y poner pasadores con dos extremos muy diferentes, y aunque esta última resulta muy útil, la verdad es que el destornillador no lo usé en absoluto.


La operación me ayuda a comprobar que el número de serie del reloj ya no aparece en el espacio entre las asas. Quiero decir que sabía que ese número ahora está en el anillo interior de la caja, pero ahora sé que el número no está escrito dos veces.

A la izquierda, el pasador original de Rolex. A la derecha, el de Everest. Son casi iguales.

Gracias a la flexibilidad del material, la operación de colocar la correa de caucho es mucho más fácil que quitar el brazalete. Aquí se agradece la ayuda del lado grueso de la herramienta de pasadores porque sirve para recolocar el caucho en caso de que no haya entrado a la primera.

Podemos guardar el brazalete o armis en la misma bolsa que trajo la correa, con la sensación de que estará bien protegido.

Y el resultado. Uno puede preguntarse por qué querría instalar una correa de caucho en un reloj que solo admite su propio brazalete, y he encontrado la respuesta en el eslabón central pulido a espejo. Sin cuestionar todas las mejoras que la serie cerámica ha aportado a la colección deportiva de Rolex y especialmente al brazalete, siempre he tenido la sensación de que ese toque pulido a espejo lo hacía menos deportivo, más delicado pero sobre todo más llamativo.



Después de un par de días usándola puedo decir que es una correa muy cómoda en todos los sentidos, con el equilibrio flexibilidad-rigidez perfectamente resuelto y que sorprendentemente no me ha dado la sensación de calor añadido al que estamos viviendo estos días por aquí (unos 28-30ºC). Por otro lado, mantiene alejadas a las barracudas… no, en serio: llevar una correa negra en lugar de un brazalete brillante hace que te sientas menos observado al pasar por lugares públicos.

No es una correa barata como tal (225 USD, algo más de 200 euros) pero desde mi punto de vista es la única correa de caucho que puede quedar bien en un Rolex: acabados perfectos, a la altura del reloj que vas a llevar, y una calidad que —sin poder garantizarlo por falta de tiempo con ella— se percibe igualmente alta. Si tenemos en cuenta que el dueño de un Rolex ya no se asusta fácilmente según qué precios, la Everest es un experimento que se puede permitir.
Como crítica constructiva, creo que, precisamente dado el precio de la pieza, la herramienta de extracción y colocación de pasadores debería venir como accesorio y no cobrarse aparte (37.50 USD, casi 34 eur, aunque como dije antes podrían ahorrarse el destornillador).
www.everestbands.com
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