Nos adentramos en lafábrica de cajas de Patek Philippey obtenemos respuesta a esa pregunta recurrente para todo aficionado a los relojes: ¿Qué hace que ciertas marcas sean tan exclusivas? Muchas veces la clave tiene que ver con la complejidad de sus calibres, tanto técnica como estética, pero en el caso de Patek Philippe todo va más allá, ya que la marca suiza no se detiene en la mecánica o la belleza, sino que se centra en cada detalle. Nuestra última visita nos ayudó a ver cómo aplican los mismos criterios de excelencia a la producción de las cajas que albergarán sus renombrados prodigios mecánicos. Para ello, no tiene una, sino hasta tres empresas que se encargan de fabricarlas, pulirlas y decorarlas. Todo en este orden.

Ubicada en lo que podríamos llamar un paisaje típicamente suizo, en noviembre de 2007 Patek Philippe adquirió una parcela de 18.000 m2 de terreno junto a la mítica localidad de La-Chaux-de-Fonds con la intención de construir un centro de producción especializado en cajas de reloj, trabajos de pulido y engaste de piedras preciosas. Las obras comenzaron en abril de 2008 y hoy, siete años después, este proyecto no solo es una realidad sino que opera a plena capacidad. Con la previsión que caracteriza a la familia Stern, se han construido 12.000 m2 pero aún hay espacio para duplicar esa superficie.

Calame&Cie está dedicada a la producción de cajas de reloj y fue adquirida por Patek Philippe en 2001. Opera como una unidad de producción independiente aunque está vinculada a la sede central de Plan les Ouates en Ginebra, donde también se producen cajas. La especialización de Calame son las cajas de oro y allí reina la misma atmósfera perfeccionista que en la casa matriz. Como allí, las máquinas de control numérico son las protagonistas del paisaje interior, dando forma a lo que originalmente son bloques de metal.



El proceso es tan laborioso como cabría esperar de un proveedor de Patek Philippe, y ciertamente requiere una multitud de pasos antes de que se dé la aprobación final. Las piezas se revisan sistemáticamente, tanto por métodos tradicionales como calibres vernier, plantillas y otros medios analógicos, como por máquinas complejas (la primera no suiza que he visto) capaces de detectar desviaciones de milésimas de milímetro.



Tras superar este riguroso control interno, las cajas (cajas y fondos) se inspeccionan cuidadosamente una vez más antes de ser semiempaquetadas para pasar a manos de su vecino Poli-Art, una empresa también propiedad de Patek Philippe (desde 2003) dedicada exclusivamente al pulido superespecializado, que –como es seña de la Casa– combina las técnicas manuales más artesanales con las mejores máquinas disponibles en el mercado. Estos son los cascos de un Nautilus en dos etapas diferentes del proceso.

Se utiliza una variedad casi infinita de muelas y pastas abrasivas que, combinadas con la habilidad y experiencia del pulidor, sacarán los mejores matices del metal.


Patek Philippe produce alrededor de 55.000 relojes al año y una proporción significativa de ellos tendrá sus cajas pulidas, por lo que se necesita un pequeño ejército de pulidores experimentados para darles servicio. No olvidemos que se manipulan metales preciosos, por lo que cualquier pérdida es importante, hay poco margen de error.


Tan escaso margen que aquí también se utiliza la lupa del relojero para controlar el proceso y todas las mesas de pulido están equipadas con aspiradores (esa rejilla con agujeros es uno) para recoger las partículas de oro que se desprenden durante la erosión. Además de muelas y pasta abrasiva, se utilizan bandas de lijado de diferentes granos.


Aquí es donde también se pulen los eslabones de futuros brazaletes o pulseras. Futuros porque por ahora son piezas sueltas con poca forma, pero tratadas con tanto cuidado que se pulen casi uno por uno (en realidad van de dos en dos...). Esos tubos azules forman parte del sistema de aspiración de partículas que acabo de describir.

Entre estas dos piezas está el minucioso trabajo de una mano experta. No basta con tener las herramientas: hay que saber aplicar la presión adecuada en todo momento y en el lugar correcto. Incluso si se trata de una herramienta tan básica como un trozo de papel de lija alrededor de un bloque de madera.


Pero fue al llegar a SHG (Sertissage Haut de Gamme. “Sertissage” significa “engarce”) donde se me abrieron más los ojos. Admito que como aficionado a los relojes siempre he mirado los “relojes joya” como algo ajeno, donde su valor (digamos precio) estaba más en el empaque que en el interior. Y en cierto modo esto se debe a que los materiales utilizados, las piedras preciosas, son inherentemente caros. Pero lo que no sabía es el meticuloso y preciso trabajo de los engarzadores, que afrontan el desafío diario de colocar esos pequeños cristales de tal manera que queden fijados para siempre.

La sorpresa no termina aquí: si en Poli-Art hay un pequeño ejército, aquí parecería que la cifra se duplica. Auténticos artistas trabajando con materiales diminutos armados con herramientas que en algunos casos se parecen mucho a las que se usan en odontología, sin olvidar el imprescindible microscopio binocular.


Además de los artesanos que vimos trabajar, en SHG cuentan con gemólogos expertos encargados de seleccionar las piedras tanto en tamaño como en color para que puedan montarse en los diferentes soportes. Desde biseles donde las cavidades para los diamantes y las grapas que los sujetarán están pre-grabadas…


… hasta el engaste llamado “nieve”, que se caracteriza por la irregularidad (siempre aparente) del tamaño de las piedras que se montan en un caos también aparente: allí los agujeros y sus correspondientes grapas deberán crearse uno a uno y es aquí donde el arte del engarzador brilla con más fuerza.


Las esferas también se trabajan. Y de qué manera. Los artesanos disponen de un diagrama de colores que les indica el tamaño de cada piedra que deben engarzar. El resultado siempre es… deslumbrante. Nos gusten o no los relojes con pedrería, es bueno saber que detrás hay un trabajo artesanal muy laborioso que, sumado al precio intrínseco de las piedras, termina por justificar su precio.


Pero quizás un vídeo ayude a explicar la admiración que he sentido al conocer de cerca un oficio que tiene mucho de arte.
Como colofón de esta visita, quiero agradecer a Patek Philippe Iberia las facilidades obtenidas gracias a su gestión para poder fotografiar todos estos procesos sin obstáculos: sé por experiencia que no es habitual, sobre todo teniendo en cuenta la naturaleza de los materiales que aquí se manejan.
Si te has quedado con ganas de más, puedes consultar otros de nuestros reportajes sobre visitas a las fábricas de Patek Philippe aquí:
Visita a la Manufactura Patek Philippe 2015
Visita a la Manufactura Patek Philippe 2013